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Estas son -algunas- de las tan sonadas Leyendas urbanas de nuestro querido El Salvador

La poza de Bululu

Se ubica en el Río Sensunapán entre el limite municipal de Sonzacate y Sonsonate, se afirmaba que en tiempos pasados la poza llamada "Bululú" era encantada y se hablaba con insistencia que ahí aparecía un guacal de oro que contenía un paste lleno de brillantes y un jabón plateado. El que osaba cogerlo era burlado por el objeto aparecido, sumergiéndose para salir a flote en otro lugar de la poza, y si por desgracia lograba tomarlo, se hundía juntamente con el guacal para nunca más volver.

También hay quien cuenta, que estos objetos, pertenecían a la Virgen de Candelaria (Patrona del Departamento), que quien se acercaba para agarrarlo, ella los castigaba por su ambición, ahogándolos en la poza. Pero quien lo veía y no lo tocaba, sabiendo que no le pertenecía, ella lo colmaba de riquezas.

 

La flor del Amate

El Ámate es un árbol muy conocido en El Salvador, este árbol es muy diferente a los demás en su estructura física. Su tronco es muy grueso y mal formado, pues tiene unas protuberancias (Si así se le pueden llamar), que hacen que el tronco parezca un rollo de cables mal hecho, sus ramas también un poco mal formadas, si uno se fija bien en ellas tienen un aspecto de garras. En fin un árbol fuera de lo común, además de no dar ni flores ni frutos.

Pero la leyenda dice que este árbol tiene un negro secreto oculto entre sus deformadas ramas, y es que a las 12:00 de la noche en punto, en la copa de éste, nace una hermosa FLOR BLANCA, la cual cae al suelo y el hombre que logre agarrar esta flor, tendrá todo lo que quiera, AMOR, DINERO Y SALUD, pero no es tan fácil, pues la verdadera prueba es luchar contra EL DIABLO, que es el dueño de esa flor.

Se dice que tiene que ser una lucha a muerte; si el Demonio gana, se lleva el alma de aquel hombre, pero si el hombre gana tendrá todo lo que él quiera.

Se cuenta que las únicas personas que ven a este árbol florecer en cualquier época del año son los MUDOS, ya que se sabe que nunca dirán nada de esta flor encantada.

 

La Llorona

Esta es una de las leyendas más populares de  El Salvador. Los lamentos de una mujer que clama por sus hijos perdidos son escuchados con temor en noches de luna llena.

Testigos afirman que la mujer va flotando en el aire vestida de blanco y cuando se detiene a llorar en la puerta o ventana de alguna casa, es presagio que los moradores de la misma pasarán por muchas penas, problemas y tribulaciones.

Se dice que para alejarla junto con su sombrío augurio, se debe hacer un rezo especial en la casa durante nueve noches consecutivas.

 

El Cerro de la Juana Pancha

Se cuenta que en la cumbre del cerro Conchagua, a tres kilómetros al sur de la población, en una cueva habitaba una hermosa mujer que se dedicaba a robar grandes cantidades de dinero. Su nombre era Juana Francisca Callejas, pero le decían Juana Pancha. Era una hechicera que volaba de un lugar a otro y con la rapidez del viento podía desaparecer.

Con frecuencia hacía  sus hechizos, que la llevaban al palacio de los capitanes generales de la antigua Guatemala y en ocasiones se convertía en un animal casero, capaz de entrar en cualquier lugar y sustraer los botines.

Dicen que una noche, cuando viajaba a su acostumbrada visita de la Unión a Guatemala, unos hombres hechiceros la atraparon y en consejo acordaron que debían quemarla.

Ella, en venganza, dejó la cueva encantada y toda persona que llega ahí nunca más vuelve a salir, y entre más lo intenta más se pierde en los opuestos caminos que conducen a su misteriosa abertura.

Sin embargo hay una profecía que dice que "el embrujo cesará a las tres de la tarde en un Viernes Santo, si alguien se atreve a entrar a la cueva y dormir esa noche, solo, sin temor a lo que pueda escuchar".

La Señora de los Anillos

Esto sucedió en San Salvador: Hace ya varios años estaban desapareciendo muchos niños, esto se le atribuía a una mujer de vestimenta blanca, con un rostro indescriptible, que en sus manos llevaba muchos anillos.

La historia se centra específicamente en una pareja y su bebé que vivían en un apartamento.

Una noche el señor estaba trabajando y su esposa leyendo en el cuarto; hacía mucho calor y pusieron al niño a la orilla de la ventana a quien el señor cuidaba de reojo.
Al poco rato, ya con una pesadez de sueño el señor empezó a cabecear y miró hacia la ventana... en la cual vio una mano detenida con muchos anillos... pero se sacudió frotándose los ojos y volviendo a ver de nuevo, cual fue su sorpresa, que ya no había nada.

Se queda dormido y luego de unos minutos se despierta dando un sobresalto. Ve una mujer parada a lado de su hijo el cual solo tenia unos cuantos meses de nacido. En ese momento se quedó paralizado sin poder hablar pero reaccionando corrió y tomó el niño y se fue al cuarto donde estaba la esposa. Quien le dijo que lo que veía, se debía a que no había podido dormir bien por varios días.

Al siguiente día se va a trabajar el señor y cuál fue su sorpresa que la mujer estaba en la entrada del edificio y la identificó por los anillos, luego tomó el bus dejándola sentada como una estatua.

En el bus oyendo que alguien que se reía a carcajadas miró hacia adelante y vio a la misma mujer parada frente a él, con el niño en manos, y desde ese día el hombre no coordino ideas, quedó directo y sin su bebé.

 

El Mico Brujo

En todo El Salvador se conoce la leyenda del "Mico Brujo". En algunas partes también lo relacionan con otras especies como La Mona o El Chancho.

Decían nuestros antepasados que habían unas mujeres que a las once de la noche  se daban tres volantines para atrás y luego tres para adelante (saltaban hacia delante o hacia atrás); que estas mujeres tenían un guacal donde dejaban su alma y ya sin esta tomaban figura  de monos, o chanchos y se dedicaban a hacer diabluras.

Y así estas brujas, acompañadas de la oscuridad de la noche, se trepaban a los árboles y tiraban frutas a la gente. Se subían a los techos de las casas, saltando de un lugar a otro y arrojando pedradas contra las personas que pasaban en la calle vecinas.

Muchas personas han tratado de agarrarlas y matar a la mona o chancha, pero de nada les sirve, pues cuando ya están cerca y creen tenerla acorralada se les esfuma como por encanto.

También contaban nuestros antepasados que esas mujeres podían convertirse en chanchas grandes, negras y llenas de lodo. Apenas veían a la persona señalada, aligeraban su trote y comenzaban a gruñir, embestían furiosamente a la persona y le daban trompadas y mordiscos en las piernas hasta derribarla y hacerle perder el conocimiento, al día siguiente, la víctima amanecía molida y mordida, y con los bolsillos vacíos.

 

El Cadejo

El cadejo es representado por un perro de gran tamaño y de mirada penetrante del cual se aparecen dos especimenes, uno de ellos es blanco que simboliza el bien y otro negro que simboliza el mal.

Se dice que El cadejo negro representa al espíritu del mal el cual se le aparece a las personas que deambulan en los pueblos en altas horas de la noche, persigue a sus víctimas durante un rato para asustarlos y luego los hipnotiza con sus enormes ojos color rojo, similar a carbones encendidos, cuando los atrapa les roba el alma dejándolos como tontos para el resto de su vidas, a esto se le denomina en El Salvador que una persona ha quedado jugada por un mal espíritu.

El cadejo blanco representa a un espíritu de luz que protege a todos los fieles creyentes y no permite que el cadejo negro se robe el alma de los recién nacidos o de los niños pequeños principalmente los que viven alejados de los pueblos.

Se dice que el cadejo negro es normalmente ahuyentando de las viviendas con el humo del incienso que en El Salvador se conoce como Sahumerio.

 

La Descarnada

En El Salvador abundan las personas que afirman haber tenido una experiencia macabra con una hermosa mujer que se aparecía en alguna carretera desolada pidiendo que la llevaran. La mujer salía a orillas de la calle con una vestimenta provocativa y con una actitud sensual, audazmente llamaba la atención de los incautos que eran atraídos por su belleza y coquetería.

Cuando los conductores le preguntaban hacía donde se dirigía, ella les contestaba que a unos pocos kilómetros del lugar, entonces se montaba al auto y comenzaba a seducirlos. Cuando los hombres empezaban a tocarla y besarla sucedía algo espantoso, la piel de la mujer se desprendía de su cuerpo hasta quedar totalmente convertida en pocos segundos en un esqueleto humano. Minutos después sus víctimas eran encontradas en estado de total confusión y únicamente recordaban los instantes en que aquella escena tenebrosa había ocurrido.

Algunos pobladores dicen que "La Descarnada" es en realidad el espíritu de una bruja maligna.

 

El Tabudo

Esta leyenda se ha vuelto muy popular entre los pescadores, moradores y visitantes de del Lago de Coatepeque y se ha propagado tanto que se relata la misma leyenda en todos los lagos y lagunas de El Salvador.

Al parecer, el dueño de una hermosa mansión localizada a orillas del Lago de Coatepeque salió a dar un paseo en una canoa artesanal; al estar cerca de la isla fue arrastrado por una corriente subterránea y llevado hasta los dominios de la diosa de agua dulce.

Nunca se le volvió a ver con vida. A los pocos meses se apareció a las personas que cuidaban su propiedad y se las heredó. Ellos quedaron perplejos al verlo pues sus rodillas se habían ensanchado tanto que parecían un par de balones de fútbol, al igual que sus labios y se asemejaba a una criatura marina más que un ser humano.

Las tabas son las rodillas de donde proviene el nombre. El tabudo es como una especie de magnate submarino y cuando le agrada una persona, se les aparece aparentando ser un humilde pescador para ganar su confianza, luego se lo lleva hasta lo más profundo del lago; a los hombres los convierte en enormes peces de colores y a las mujeres en sirenas de agua dulce.

 

La Sihuanaba

Una leyenda salvadoreña que cuenta la aparición de una mujer con pelo largo y enredado que le cubre el rostro, de cuerpo delgado y uñas largas, con busto enorme que le cuelga hasta casi tocar el suelo, se aparece en los caminos, ríos y quebradas especialmente a hombres solteros y borrachos que se conducen a altas horas de la noche a pie o caballo.

Originalmente llamada Sihuehuet (Mujer hermosa), tenía un romance con el hijo del dios Tlaloc, el dios Lucero de la Mañana; del cual resultó embarazada; traicionando así al dios sol. Sihuehuet fue una mala madre, dejaba solo a su hijo para satisfacer a su amante. Cuando Tlaloc descubrió lo que estaba ocurriendo, maldijo a Sihuehuet llamándola Sihuanaba (Mujer Horrible). En adelante, sería hermosa a primera vista, pero cuando los hombres se le acercaran, ella se convertiría en una mujer horrenda.

Dicen que la Sihuanaba es vista por la noche en los ríos de nuestro país, lavando ropa y siempre buscando a su hijo el Cipitío, al cual le fue concedida la juventud eterna por el dios Tlaloc como sufrimiento.

Según lo que cuenta la leyenda, todos los trasnochadores están propensos a encontrarse con la Sihuanaba, sin embargo, persigue con más insistencia a los hombres enamorados, a los "Don Juan" que hacen alarde de sus conquistas amorosas. A éstos, la Siguanaba se les aparece en cualquier tanque de agua en altas horas de la noche. La ven bañándose con guacal de oro y peinándose con un peine del mismo metal, su bello cuerpo se trasluce a través del camisón.

Algunos mencionan que la aparecida se presenta como una joven hermosa en un principio, al cautivar a su víctima y lograr atraer su atención ésta le pedía que la llevara o la acompañara, después de un rato al tener su confianza ésta se convertía en una mujer fea y grotesca, dándoles a sus víctimas el susto de sus vidas y haciéndolos correr despavoridamente mientras ésta se quedaba riendo a grandes carcajadas y golpeando sus senos en las piedras de los ríos, todo esto en la oscuridad de la noche.

Dicen las tradiciones que el hombre que la mira se vuelve loco por ella. Entonces, la Siguanaba lo llama, conduciéndolo hasta un barranco y enseña la cara cuando ya se ha ganado la confianza de su víctima.

Para no perder su alma, el hombre que ha sido víctima de la Sihuanaba debe morder una cruz o una medallita y encomendarse a Dios. Otra forma de librarse del hechizo de la Siguanaba, consiste en hacer un esfuerzo supremo y acercarse a ella lo más posible, tirarse al suelo cara al cielo, estirar la mano hasta tocarle el pelo, y luego halárselo. Así la Siguanaba se asusta y se tira al barranco. Otras versiones dicen que debe agarrarse de una mata de escobilla, y así, cuando ella tira de uno, al agarrase la víctima de la escobilla, ella siente que le halan el pelo. Esta última práctica es más efectiva, ya que es el antídoto propio que contrarresta el poder maléfico de esta malvada mujer.

 

El Cipitío

Hijo de la Sihuanaba, "El Cipitío" es un personaje muy conocido en las leyendas salvadoreñas, se trata de un niño pequeño y barrigón que nunca creció.

El Cipitío se alimenta de guineos y de la ceniza que queda en las cocinas de leña de las viviendas rurales, utiliza un sombrero muy grande que se mueve al compás de su caminar, se aparece por las noches como un espíritu burlón haciendo bromas, riendo y bailando alrededor de su victima.

Se cuenta que el Cipitío arroja piedritas a las muchachas bonitas que van solas a lavar ropa en las pozas de los ríos.

Este personaje de la mitología salvadoreña llamado originalmente "Cipit", y en la actualidad "Cipitío" o "Cipitillo", nació de la relación que tuvo su madre Sihuehuet (Mujer hermosa) con el Dios Lucero de la Mañana, traicionando infielmente al Dios Sol. Es por eso que el dios, Tlaloc condenó tanto a la madre como al hijo. A la madre la condenó a ser una mujer errante y al niño a nunca crecer, y conservarse por siempre en la edad de diez años.

Cipit es hijo de un dios, pero su aspecto es el de un niño de bajas condiciones sociales y económicas, con una deformación en los pies, teniéndolos al revés, enorme barriga y con el poder de desaparecer y aparecer en otro lugar.

El Cipitío, aunque inofensivo, es hostigoso. Generalmente hace bromas con las cuales se burla de las personas, carcajeándose sonoramente. De igual manera, se ha escuchado mencionar en la lengua salvadoreña que cuando una chica es objeto de su hostigamiento, la solución para alejarlo es comer en el baño, frente a la taza de un inodoro; esto debido a que se cree que él siente asco fácilmente con los malos hábitos de las personas, en este caso las mujeres, por eso se supone que esta es la solución más efectiva cuando una mujer está siendo objeto de sus hostigamientos.

El Cipitío es un ser propio del folklore salvadoreño. La leyenda ha evolucionado de generación en generación, adaptando muchos de los elementos de la misma para no perder vigencia; aunque en el fondo, conserva la esencia ancestral.

El nombre viene del nahuat "Cipit", que significa "Niño", de donde se deforma la palabra "Cipote" utilizada para nombrar a los infantes en El Salvador.

 

La Carreta Chillona

Cuentan que hace años vivió un hombre sin fé a quien todos llamaban "Pedro el Malo".

Para un 15 de mayo, fiesta de San Isidro Labrador, mucha gente llegó al pueblo para la bendición de carretas. Pedro también llevó su carreta, pero tenía malas intensiones. La paró muy cerca de la puerta de la iglesia, lejos de las otras carretas.

Cuando el sacerdote le pidió a Pedro que alineara su carreta con las demás, este le respondió que no la había llevado para que la bendijera, pues ya estaba bendecida por el diablo. Y de seguido, hincando a los bueyes sin piedad, intentó entrar a la iglesia con todo y carreta, pero los bueyes se resistieron a entrar; más bien lograron zafarse del yugo y la carreta salió calle abajo con todo y Pedro.

El sacerdote le dijo entonces: "Andarás con tu carreta por todo la eternidad".

Los bueyes se salvaron de la maldición, porque se negaron a entrar a la iglesia.

Cuenta la leyenda que desde entonces la carreta sin bueyes, va bendecida por el diablo, anda sola sin bueyes que la conduzcan, causando espanto por donde se oye el "traca, taca, tarata", que hacen sus ruedas de madera.

Los abuelos cuentan que la carreta sin bueyes pasa por los pueblos de la campiña salvadoreña donde no hay amor ni armonía entre sus habitantes, siempre después de la media noche.

 




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